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Lejos de querer emular a la Ciudad de México, la cultura tapatía ha formado a sus propios grandes maestros y movimientos artísticos sin la necesidad de ir a buscar la fama fuera de Guadalajara. Durante el siglo XX, una comunidad de diseño muy unida estableció la reputación de la capital Jalisciense como un destino nacional e internacional para artistas y diseñadores.

Desde finales de los años 40, el modernismo ganó fuerza con la fundación de la Escuela de Arquitectura en 1948 por Ignacio Díaz Morales, donde inmigrantes europeos como la fotógrafa alemana Marianne Gast y su esposo Mathias Goeritz impartieron clases con el método de enseñanza propio de la Bauhaus, el vorkurs, un curso preliminar enfocado en “learning by doing.” Esta preparación de artistas y creadores fue crucial y mantuvo el ímpetu durante de las siguientes décadas, aunque figuras al frente de la arquitectura modernista jalisciense, como Pedro Castellanos Lambley y Julio de la Peña Lomelín, habían ya precedido.

Dentro de la escena del arte, la institución de colectivos como lo fue el Corpus Callosum liderado por Guillermo Santamarina en 1990 dieron pie a la búsqueda de un sentido comunitario y de camaradería dentro de Guadalajara. Cuando artistas de la Ciudad de México comenzaban a exhibir en París, los Jaliscienses estaban bien en casa, continuando su práctica y perfeccionando su técnica. En cambio, a ferias de arte contemporáneo en Guadalajara como Expoarte en los 90s, asistían grandes galerías de Nueva York quien a su vez iban en busca de nuevos talentos.

Hoy en día, Guadalajara vibra igualmente con una escena de creadores que sigue su propio ritmo y su propio género ya sea en el arte textil, la escultura, la cerámica, la joyería o el diseño industrial. Esto fue palpable durante la segunda edición de Salón Cosa, un “encuentro de objetos contemporáneos” conformado por trece creadores viviendo y trabajando en Guadalajara que tuvo su inauguración en Guadalajara del 27 al 31 de octubre de 2021. 

“Descubrimos un territorio liberado, destapado, invertido, donde los límites disciplinarios e identitarios se doblan y desdoblan: un territorio de excepción,” describen los saloneros Mario Ballesteros y Daniela Elbahara. “De tradiciones hondas pero reimaginadas, reapropiadas, reinventadas. La perla, pero negra, la perla más rara.”

Después del éxito del primer Salón, que tuvo lugar en mayo en el antiguo taller de maquetas de la Casa Estudio Luis Barragán en la Ciudad de México, el segundo Salón Cosa GDL tuvo sede en el noveno piso del Hotel Bellwort antes Edificio Rosales, diseñado por de la Peña Lomelín en 1967.

 

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Entre los creadores está Aldo Álvarez Tostado, quien por segunda ocasión presentó Escena de Potrero, una obra ecuestre que alude al push and pull del machismo y el queerness, sobre todo en torno a la vida y obra del arquitecto Barragán, creador del espacio en que se exhibió esta silla de montar y cinturones de piel minuciosamente grabados con frases sacadas de la dating app Grindr. En una especie de provocación, Álvarez Tostado regresa el espíritu de Barragán a su mucho más conservador lugar de origen.

Siguiendo estas líneas provocativas estuvo presente la obra de Renata Petersen, quien trabaja con cerámica pintada a mano en la que pinta el deseo femenino tipo comic strip y que en esta ocasión presenta This Dick Ain’t Free, un texto en vidrio fundido.

 

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Ballesteros y Elbahara proponen un nuevo formato de exposición de arte que sea incluyente, accessible y abierto al diálogo y la convivencia entre creadores y curiosos. Artículos utilitarios que bien pueden ser arte o diseño coleccionable como lo són las lámparas trípodes de color de Marcelo Suro o los espejos de mano y pared de Alejandro García-Contreras, son ejemplos que van desde lo minimal a lo peculiar y exéntrico.

Mientras algunas como las diseñadoras textiles Julia y Renata Franco de pronto experimentan en nuevas escalas y proporciones – un vestido llamado Mosquito Net Dress impreso en digital con pigmentos naturales se elevaba en el centro del salón – otrxs como Ricardo Luévanos, reflejaron su arte por primera vez en un objeto utilitario. Su lámpara colgante It Felt Like Crashing Into the Sun, impresa en 3D y pintada a mano, es una continuación de su preocupación por la anatomía humana y animal.

 

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Por otro lado, Antonio Zaragoza y Kenia Filippini de Liberal Youth Ministry quienes probablemente sean los diseñadores más importantes en la escena del streetwear de lujo a nivel mundial, diseñaron una backpack impresa en 3D y pintada a mano con 13,000 Swarovskis aplicados a mano. Mientras que las bancas tapizadas de lana diseño de Peca Studio y las vasijas Biznaga de Chamula Hecho a Mano así como su armario, Tritón – colaborando con Pablo Pajarito y Antonio Medrano – fueron otra muestra de la expresión que se logra trabajando en colectivo en Guadalajara. Y que no se estará quieta anytime soon.

La tercera edición ya está en camino y está programada durante Art Week del 9 al 13 febrero de 2022 en la CDMX.